Sabíamos que el mundo de la comunicación está sumido en un huracán, en un “Tsunami” estructural. Parece claro que el mundo de papel tiene fecha de caducidad, viaja con un “seiscientos” en una sociedad informativa que conduce en autopistas múltiples, sin límites de velocidad, y con pocas barreras que amedrenten su velocidad.

Llevar un periódico de papel bajo el brazo es síntoma de elemento “vetusto”, más propio del retorno al pasado que estamos viviendo en otros ámbitos de la sociedad.

Porque este mundo del siglo XXI viaja a la velocidad del mundo online, del entorno web, de las redes sociales (Twitter, Instagram, Facebook). Si está pasando, lo estamos leyendo y viendo en ese momento. Los minutos, las horas y no digo nada de los días, son losas que anquilosan la información. La envejece a pasos agigantados.

Y en este nuevo escenario viaja también “la noticia” ese elemento novedoso y sobre el que se sostiene el mundo de la comunicación. Tener una noticia, es tener un tesoro.

Pero ya no sirve el concepto de antaño, propio de los años 80 y 90, donde una noticia se horneaba a fuego lento, se confiaba con mimo para sacarla en la portada de un periódico o como apertura de aquellos inolvidables programas radiofónicos deportivos de España.

Ahora una noticia en la mano es una bomba, y si optas por guardarla para ponerle fecha al lanzamiento, te explota en las manos. Una noticia en la mano exige darla de inmediato, que viaje por las autopistas de la comunicación de inmediato, llegando a todos los potenciales receptores automáticamente. Debe tomar vida, darle libertad porque, de lo contrario, la estamos sometiendo a un cautiverio inexplicable.

Este concepto aplicable a la noticia, es igual de aceptable en el resto de ámbitos de la sociedad. Porque este mundo ya viaja a una velocidad imparable, incapaz de imponerle cualquier control, un radar recaudatorio. Y el problema es que todos debemos adaptarnos a esta velocidad porque de lo contrario la sociedad te pisa, te sobrepasa sin pudor, sin resentimiento… así es la noticia y la sociedad actual.

Una sociedad dominada por los bloggeros, los instagramers, los tuiteros, capaces de crear tendencias, de dirigir comportamientos… así pues todos debemos asumir esta nueva realidad bajo la cual debemos vivir y sobrevivir.